María Inés Morán: La persistencia, factor clave de Richard Branson para conquistar el espacio

María Inés Morán @coachmimoran

“¿Cómo te sientes cuando miras hacia la Tierra? Es imposible expresar con palabras; es una belleza indescriptible. No puedo esperar a que todos ustedes lleguen allí” – Richard Branson

Estas palabras de Richard Branson, primer no astronauta en alcanzar el espacio, representan la cristalización de un sueño que mantuvo durante 17 años de investigación, que a pesar de lucir como un sueño imposible, a pesar de muchos fracasos en este trayecto, finalmente lo logró. Y lo hizo porque persistió, se atrevió y rompió con todo lo establecido.

Fue así como este domingo 11 de julio de 2021, el multimillonario británico Richard Branson hizo historia; marcó un hito en la aeronáutica espacial, conformando él mismo parte de la tripulación— que a bordo de una nave creada por su compañía Virgin Galactic— logró hacer un viaje exitoso al espacio ascendiendo hasta los 86 kilómetros de altitud, 53,5 millas, donde los seis integrantes de la tripulación de este histórico viaje vivieron la ingravidez durante cuatro minutos.

Y tal como lo reveló en la declaración de su misión que escribió dentro de su traje espacial: “es convertir el sueño de los viajes espaciales en una realidad: para mis nietos, para sus nietos, para todos”.

Confieso que esta proeza de Branson me tiene cautivada, porque justo hace seis años escribí un artículo sobre lo que entonces era un sueño, y que gracias a la persistencia de este hombre, logró ser una realidad, era un escrito que refería a lo grandioso de los sueños.

Señalaba, precisamente, que cada uno de los grandes inventos o eventos, se inician como el sueño de una persona con determinación a no darse por vencido, incluso aquellos que surgieron producto de la “casualidad” o mientras se buscaba otra cosa. Ese soñador imaginó algo que luego lo convirtió en realidad, más allá de las pocas expectativas de su entorno o lo imposible que pareciera.

Ese soñador de entonces era nada más y nada menos que Richard Branson, ese mismo que una vez señaló: “Si no sueñas, no vas a lograr nada”. Bien, él soñó con volar al espacio, y voló, hoy su meta es llevar al espacio a todos.

Pero tal como lo demostró, no basta solo con soñar, y en este punto me quiero detener para compartir contigo un concepto que me pareció sumamente interesante y pertinente a propósito del valor de los sueños en nuestras vidas, se trata del “contraste mental”, un proceso psicológico que implica comparar los anhelos con la realidad, identificar los obstáculos y encontrar la mejor forma de superarlos.

Una tesis que ha sido validada por Gabriele Oettingen, profesora de Psicología de la Universidad de Nueva York, en Estados Unidos.

Oettingen desarrolló sus primeros estudios de este tema en 1990, desde entonces determinó que el pensamiento positivista por sí solo puede ser contraproducente. Por ejemplo, descubrió que mientras más personas fantaseaban sobre su pérdida de peso, menos probable se volvía su objetivo. Igual experiencia registró con aquellos estudiantes que fantaseaban con su éxito académico, pues la mayoría terminaba con las peores notas. Para ella, esto se debía a las emociones que las fantasías logran despertar, pues pueden engañarnos y hacer sentir que se han cumplido los objetivos.

Pero Oettingen fue más allá y descubrió que esta tendencia podía cambiar. En el año 2000 inició un nuevo estudio en Alemania, allí trabajó basándose en un grupo de 55 niños que estudiaban inglés y que dividió en tres equipos.

A los primeros, se les pidió escribir sobre los beneficios de dominar el idioma, una “fantasía positiva”; a los segundos se les solicitó hacer una lista de los obstáculos para lograr ese mismo objetivo; una “realidad negativa”; mientras que al tercer grupo se le pidió combinar ambas situaciones, es decir, que analizaran una fantasía positiva junto con una realidad negativa, estrategia que se conoce como “contraste mental”. Lo interesante fue la conclusión: “Los estudiantes que son conscientes de los retos y desafíos sacaron mejores notas que los que simplemente fantaseaban con su éxito académico”.

Se trata de una estrategia que fácilmente podemos aplicar a nuestras vidas y a los negocios, para ello debemos entonces soñar por encima de todo, pero también aprender a contrastar, de forma efectiva, los anhelos con la realidad, a tomar conciencia de los obstáculos, superarlos y persistir en ello, tal como lo hizo Branson, quien soñó, aprendió de sus errores, persistió, se cayó, se levantó y trascendió.

Recuerda que cuando vives sin sueños, puede que avances, pero dejas a un lado la emoción y la pasión interna. En cambio, si tienes un sueño y te esmeras en hacerlo realidad, tal vez no llegues al espacio, pero sí alcanzarás, al igual que Branson, el éxito. Así que atrévete a soñar y persiste.