Cómo era “Amerika”, el imponente tren de Hitler con misiles antiaéreos (Fotos)

Hitler decidió construir una sede móvil de operaciones de última tecnología para él y toda la cúpula nazi. | Foto: Facebook.

 

Adolf Hitler decidió que debía demostrarle al mundo todo su poder. Así que en la década del 30, cuando la Alemania nazi estaba creciendo, mandó a hacer su propio tren. El Amerika, un verdadero búnker sobre ruedas.

Por Gastón Sánchez / Clarín

Este titánico ferrocarril debía simbolizar la fuerza y el dominio del Tercer Reich. Fuertemente equipado a nivel militar y con la más avanzada tecnología, el nombre del Führersonderzug (el tren especial del Führer) era Amerika. Pero, ¿por qué lo llamó así?

América fue un símbolo de aniquilación y conquista. Y por supuesto, no había mejor manera de bautizar a este medio de transporte que con su nombre. Todo lo que Hitler pretendía hacer en Europa ya lo habían hecho en este continente.

Todo el personal que ingresaba a trabajar a esta fortaleza nazi pasaba por una rigurosa investigación y estricto control.. | Foto: ZUMA PRESS

 

Una bestia de acero

Este tren era una bestia de acero. Salió de la fábrica en agosto de 1939 y fue realizado por Deutsche Reichsbahn. Pesaba en total 1.200 toneladas y podía llegar a medir 430 metros de largo, dependiendo de la cantidad de vagones que se utilizaran.

Increíblemente alcanzaba velocidades de hasta 120 kilómetros por hora. Cada vagón pesaba al menos 60 toneladas y sus dos locomotoras podían llevar entre 10 y 16 vagones dependiendo del viaje.

Estos eran de última generación y estaban equipados con la tecnología más moderna que existía en la época. En el tren viajaban oficiales de la Policía Ferroviaria, oficiales del Ejército Alemán, la escolta privada de Hitler y, por supuesto, todo tipo de trabajadores para el funcionamiento del mismo.

Este tren era una oficina central móvil de 16 vagones con un sistema de comunicación interna de última tecnología. | Foto: Shutterstock.

 

Un búnker en movimiento

“El Führersonderzug Amerika era el cuartel general móvil mejor equipado del mundo en aquel momento”, afirma el historiador británico Mark Felton, en el documental “El tren de Hitler: La bestia de acero” del francés Daniel Albin.

Está claro, esta fortaleza nazi era mucho más que un medio de transporte, era un auténtico búnker y un refugio para el Führer. Allí se tomaron decisiones que fueron trascendentales y que definieron el curso de la Segunda Guerra Mundial.

En principio, era un medio de transporte para llevar adelante la agenda propagandística del régimen nazi y mostrarse cercano a la gente, pero más adelante su función cambió. Philippe Pétain, Benito Mussolini y Francisco Franco visitaron este tren en reuniones secretas con el jefe de Estado nazi para dirimir el curso de la guerra.

El tren de Hitler, otro símbolo de la propaganda nazi. | Foto: Facebook.

 

El vagón de Hitler

El vagón de Hitler (el tercero desde adelante hacia atrás) era bastante austero pero con algunas excentricidades. Por ejemplo, llegó a colocarse un baño entero de mármol con una bañera de oro, por lo que hubo que hacerle un subsuelo de hormigón armado para sostener el peso extra en ese vagón. Por supuesto, era custodiado por guardias, que se apostaban en una antesala durante todo el viaje.

Además, todo el tren tenía un sistema de aire acondicionado y calefacción que les permitía variar la temperatura dentro de las unidades, algo muy avanzado para la época.

El primer viaje oficial del Amerika fue el 3 de septiembre de 1939 hacia Polonia. En ese momento, Hitler daba inicio formalmente a la Segunda Guerra Mundial, la misma que se llevó la vida de más de 60 millones de personas, invadiendo ese país.

La seguridad: una obsesión

El tren tenía camareros, sirvientas, médicos, auxiliares de todo tipo y salas de aseo y peluquería. Un poco de lujo en plena guerra, con las mejores instalaciones de duchas y bañeras de la época. Además, el barbero personal de Hitler iba a bordo del tren en cada viaje.

Todas las personas que ingresaban a trabajar a esta fortaleza nazi pasaban por una rigurosa investigación y estricto control. Solo podían ser arios y tenían que pasar un rastreo de linaje llevado a cabo por las SS. El personal, la comida y las instalaciones eran revisadas constantemente antes de emprender cada viaje. La protección no era una cuestión dejada al azar.

La seguridad era algo que preocupaba muchísimo a los nazis. El comportamiento de Hilter era paranoico en este sentido. Aproximadamente 25 guardaespaldas privados lo seguían siempre. El servicio de seguridad RSD tenía su propio vagón en el Amerika y eran los únicos que podían estar armados cerca de él.

Otros dictadores también tenían su propio tren, como el italiano Benito Mussolini, aliado de Hitler. | Foto: AP.

 

Un armamento letal

En este sentido, un regimiento completo de las SS y de la Wehrmacht estaban destinados a cuidar el tren y todas las rutas de transporte por las que éste pasaba desde el cuartel general militar hacia su destino.

Cuatro cañones con una torreta estaban en la punta de los vagones antiaéreos (Flakwagens), había uno delante y otro detrás del tren. Se manejaban de forma autónoma y podían protegerse tanto de ataques aéreos como terrestres.

Estos cañones de 20 milímetros tenían un alcance de 4,7 kilómetros en tierra y 2,5 kilómetros de forma ascendente, con una cadencia de tiro de 800 disparos por minuto. Una verdadera máquina de matar sobre ruedas.

Otros transportes

Pero si las necesidades de movilidad cambiaban durante la marcha y Hitler decidía que debía trasladarse más rápido, su auto personal, el Mercedes Benz blindado, lo seguía a todas partes desde la carretera.

El Mercedes-Benz 770K de Hitler que fue subastado. | Foto: Archivo Clarín.

 

Y por el aire también tenía otra opción, el Focke Wulf 200 Condor, su avión privado, lo esperaba siempre en alguna base aérea cercana al recorrido realizado por el tren, por si debía ser utilizado.

El Amerika era arrastrado por dos locomotoras. Pero esa decisión no fue estrictamente por su peso, era más bien para garantizar que si una de ellas se rompía se podría continuar avanzando de todos modos. Y para ir intercalándolas en su uso si las distancias eran largas y una de ellas necesitaba descanso.

El final: quemado por las SS

En 1941 la situación se tornó complicada para el régimen de Hitler. La guerra contra los soviéticos fue cada vez más difícil, y a eso se agregó que Estados Unidos se sumó al conflicto bélico haciéndolo global. El dictador nazi se encerró en sí mismo y se aisló del mundo. El nombre del tren pasó ser Brandenburg, tratando de volver a las raíces germánicas ?y no hacer referencia al nuevo enemigo.

La Batalla de las Ardenas propinó una fuerte derrota al ejército alemán por parte los soviéticos. Luego de este fracaso, Hitler decidió volver a Berlín arriba del ahora Brandenburg, en lo que sería su último viaje arriba de la bestia de acero. La capital alemana estaba siendo demolida por los bombardeos, la guerra casi perdida y el Tercer Reich en decadencia.

El 7 de mayo de 1945 el vagón privado de Hitler fue quemado y bombardeado por las propias SS. No querían que cayera en manos de los Aliados y fuese exhibido como trofeo de guerra.

El Führersonderzug fue remodelado y se siguió utilizando hasta la década del 70 por el Gobierno alemán. En la década siguiente quedó inutilizable, y los pocos restos que quedan son apenas unos vagones que están esparcidos en algún museo alemán.