Las irrebatibles verdades de Ludwig Von Mises, por Antonio Sánchez García @sangarccs

 

Su obra cumbre, EL SOCIALISMO[1], originalmente publicada en alemán bajo el título Die Gemeintwirtschaft – La economía colectiva – en 1932, en pleno despliegue del socialismo soviético, el nazismo musolinniano y el nazismo hitleriano, las dos caras ideológicas de una misma y contradictoria medalla totalitaria, ha sido el compendio crítico más científico, completo, cabal e irrebatible de la ideología socialista escrito hasta hoy. Y un manifiesto acusatorio contra la intelectualidad europea, culpable no sólo de su vigencia, sino de su insólita supervivencia, como lo deja ver la reciente acción de la llamada progresía – su bastarda hija mediática – movilizando todos los medios de información y manipulación públicos – escritos, radiales y televisivos – para lograr un objetivo estrictamente político, no propiamente informático: impedir la relección del exitoso empresario norteamericano Donald Trump, legitimar el primer fraude masivo de proceso electoral alguno en los Estados Unidos y apostar todos sus fuegos a la presidencia de un fracasado político demócrata, respaldado por la izquieerda radical socialdemócrata norteamericana. Un hecho inédito de consecuencias inimaginables, pero que bien podrían costar la mayor crisis vivida por la primera potencia mundial, volcada a políticas suicidas. ¿El socialismo apoderándose del aparato de Estado de la primera economía mundial y principal potencia militar del orbe?

Si hay una circunstancia propicia para leer a Von Misses y recomendar su lectura, es éste. En primer lugar, por el diagnóstico exacto, preciso y concluyente del tremendo y letal influjo de Marx y Engels sobre las mentes de Occidente y en particular sobre sus élites intelectuales. Así como sobre la hegemonía de que disfrutan en las direcciones de los medios masivos de comunicación. Basta citar las primeras palabras con las que inicia su Introducción, que tituló y no sin razón “El éxito de las ideas socialistas” – ojo: lo escribe en 1932, a 17 años del asalto al Palacio de Invierno por Lenin y a siete años del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, que consolidaría la apropiación por Stalin de la mitad del planeta, en alianza con Winston Churchill y el beneplácito de todas las democracias occidentales: “Socialismo, tal es el santo y seña de nuestro tiempo. La idea socialista reina hoy día sobre los espíritus, las masas le son devotas, penetra el pensamiento y el sentimiento de todos, e imprime su estilo a nuestra época, que la historia denominará era del socialismo.”

¿Puede alguien negarlo, visto la imposición por los principales y más influyentes medios del planeta de un candidato demócrata que no niega su disposición a aplicar políticas socialistas en la economía norteamericana, comenzando por drásticas medidas impositivas contra los sectores económicos más poderosos, y reabriéndose a la tiranía socialista cubana, retomando las políticas iniciadas por Obama respecto de la tiranía castro comunista?

“En ninguna parte halla el socialismo oposición a fondo – escribía Von Misses en 1932. Y agregaba: “¿Se encontraría un solo partido político influyente en nuestros días que deliberadamente se hiciese campeón de la propiedad individual, por lo que respecta a los medios de producción? En la época actual, la palabra “capitalismo” ha tomado un sentido claramente peyorativo, y aún los adversarios del socialismo no escapan al influjo de las ideas de éste…Si la expresión socialista se toma en su sentido amplio, se reconocerá sin trabajo que hoy día la mayor parte de las personas se colocan en favor del socialismo. Pocos se declaran partidarios de los principios del liberalismo, que ve en el régimen que se funda en la propiedad privada de los medios de producción la única forma posible de la economía nacional.” Sin el menor sentido peyorativo señalaba luego: “los ‘liberales’ ingleses de hoy son socialistas más o menos moderados.” Y los nazis no dudaron un segundo en adjetivar el nazismo con la santificación de la palabra: “socialista”.

Que tras más de un siglo del triunfo del socialismo soviético, el socialismo asome sus garras en Washington, da prueba de su poderío incandescente. La “era socialista” a la que se refería Ludwig Von Misses, lejos de haber desaparecido, vuelve al ataque. La lucha no ha terminado. Recién comienza.


[1] SOCIALISMO, Ludwig von Misses, Editorial Hermes, México, 1961.